
CIUDADANÍA, HISTORIA E INFANCIA
Diana Cristina Peláez Bermúdez
Para hablar de ciudadanía, se hace necesario remitirse sin duda alguna a sus orígenes, umbrales o arranques que marcaron la historia de los hombres y de la sociedad. La historia que se remonta en occidente a los antiguos griegos, donde ser ciudadano equivalía a no ser esclavo, mujer, menor de treinta años o dependiente de un amo. La ciudadanía era concebida como aquella condición básica de la que gozaba el individuo, que luego de ser redimido del mundo de la dependencia doméstica (el oikos), podía participar plenamente en la esfera pública; condición que le permitía pertenecer a la comunidad política (la polis). El ciudadano, tanto si era rico como si era pobre, tenía la responsabilidad de acudir a la asamblea y tomar parte en los debates públicos acerca de los asuntos de la ciudad.
Para los griegos de la época clásica, ser ciudadano significaba sobre todo ocuparse de las cuestiones públicas y hacerlo mediante la deliberación, es decir, mediante una discusión abierta en la que se intercambian argumentos, razones y opiniones hasta alcanzar juntos un acuerdo acerca de lo que conviene hacer en cada caso. Este procedimiento se completaba con la votación como último recurso, después de haber deliberado juntos un tiempo suficiente. La participación se regía bajo principios de igualdad ante la ley (sonomía) e igualdad ante la palabra (isegoría), también bajo la Koinonía o comunidad de cooperación para alcanzar el bien público, el bien de todos, en lugar de centrarse en el bien particular.
Sin embargo esta participación no era para todos, pues se trataba de una ciudadanía excluyente, no inclusiva, donde únicamente eran ciudadanos los varones adultos que reunían ciertos requisitos establecidos por las leyes, quedando siempre excluidas las mujeres, los niños y jóvenes, los residentes extranjeros y los esclavos. Por tanto, la inmensa mayoría de la población carecía del estatuto de ciudadanía.
Para los antiguos romanos, la ciudadanía consistía sobre todo en el reconocimiento legal de algunas personas como miembros de pleno derecho de la República, y más tarde del Imperio. Esto significaba que el ciudadano era aquel que gozaba de la protección jurídica otorgada por las leyes y las instituciones. Entre los deberes del ciudadano romano se encontraban pagar impuestos y formar parte del ejército.
De otro lado, aunque las raíces de la ciudadanía sean griegas y romanas, el concepto actual de ciudadano procede sobre todo de los siglos XVII y XVIII, de las revoluciones francesa, inglesa y americana. Época en la cual, se redactó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), donde el ser humano, por el mero hecho de serlo, tiene una dignidad y unos derechos inviolables de tipo POLÍTICO que le indican tomar parte en las decisiones de la comunidad y de tipo CIVIL que refieren la igualdad ante la ley o libertad de expresión. En la declaración se definen los derechos "naturales e imprescriptibles" como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia
Posteriormente el concepto de ciudadanía, tendría más fuerza e influencia en la reflexión política y social del siglo XX; tras los planteamientos de T. H. Marshall en una conferencia dictada Cambridge (Inglaterra) en 1949 denominada “Ciudadanía y clase social”; en ella Marshall dividía la ciudadanía en tres elementos: civil (“los derechos necesarios para la libertad individual”), política (“el derecho de participar en el ejercicio del poder político”) y social (“el derecho a un mínimo bienestar económico y seguridad al derecho a participar del patrimonio social”), cada uno de los cuales tomó forma en un momento diferente de la historia: los derechos civiles en el siglo XVIII, los políticos en el XIX y los sociales en el XX. En este sentido Marshall proclama que sólo existe la ciudadanía plena cuando se tienen los tres tipos de derechos, y que los mismos están en función de la clase social a la que se pertenezca, igualmente la define como "aquel estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad”[1], lo que no excluye la desigualdad de estatus ni la presencia de miembros sin plenos derechos en la sociedad.
Por su parte, Hannah Arendt (1958) pensadora judía de origen alemán que se exilió en Estados Unidos bajo la persecución nazi, ilustrada bajo pensamientos republicanos, indica lo público como la esfera del ciudadano, donde justamente estos últimos son individuos singulares que han dejado atrás, en la esfera privada, sus identidades, es decir, características propias que lo diferencian de lo demás, de los otros y que en unión haría una sociedad plural, es decir la distinción entre los individuos que al mismo tiempo comparten el mundo de lo público, donde son considerados como iguales en tanto desarrollan prácticas que buscan continuamente el bien común y cuentan con los mismos derechos y deberes ciudadanos.
Bajo esta perspectiva, retomamos los planteamientos de Cortina (1997) donde define la ciudadanía como una relación de doble vía entre el sujeto y la comunidad, relación que garantiza los derechos que la comunidad reconoce como legítimos. Una comunidad o sociedad plural, donde es importante escuchar las voces de todos y de esta manera constituir una ciudadanía activa. De acuerdo con esta autora, aunque los conceptos de ciudadano y ciudadanía tienen un origen político, jurídico y económico, éstos hacen referencia a lazos sociales y no políticos. Para la autora, el ciudadano es ante todo un miembro de la sociedad civil.
Una sociedad civil compuesta por instituciones sociales, que de una u otra manera contribuyen a formar los valores de una sociedad. Donde formar para la ciudadanía no es solo una labor de la familia y la escuela, sino un compromiso de todos. Una educación fundamentada en competencias que permitan la construcción de herramientas básicas para que cada persona pueda respetar, defender y promover los derechos fundamentales, aquellos inherentes al ser humano y que pertenecen a toda persona en razón a su dignidad humana.
Complementamos esta idea con el argumento de Cussiánovich (2005), donde especifica la ciudadanía como una manera de entender las relaciones sociales en igualdad, libertad y no sometimiento o dependencia, no en una jerarquía que discrimina y excluye, un concepto de ciudadanía pensado desde la experiencia y la reflexión de los niños, niñas y adolescentes. Desde aquel niño y niña que nace ciudadano en cuanto humano, en cuanto sujeto de derecho y que a lo largo de su vida reafirma en cuanto es miembro de una sociedad histórica y culturalmente determinada. Un ciudadano definido por su relación con el Estado y por organizarse con otros ciudadanos para emprender acciones colectivas en torno a objetivos y tareas de interés común. Mockus (2004)
A partir de estos planteamientos, es posible adentrarnos en lo que denominamos ciudadanía infantil, la cual se ha constituido en un tema polémico en nuestra época. Tras la declaración internacional de los derechos del niño en 1959, se busca trascender la representación de la infancia como minoría de edad, y dar lugar a la visión integral de los niños y las niñas en su plenitud de derechos. Sin embargo, la ciudadanía infantil se ve atravesada por un sinnúmero de discusiones enmarcadas sobre la capacidad y competencias de los niños y las niñas para ser ciudadanos, de los reparos que los términos legales habrían de asumir al enfocarse en la niñez, es un reto y un compromiso conceptual por la limitada literatura existente que hace difícil su reconocimiento, una lucha legal, jurídico, social y cultural que la harán parte importante y protagónica de la historia de los hombres.
Finalmente, concluimos con la frase de EMERSON, Ralph Waldo (1846) donde afirma que “la ciudadanía es el derecho básico del hombre, porque es nada menos que el derecho a tener derechos” y todos los tenemos. He ahí pues la tarea que emprendemos, de que todos y todas sin límite de edad, raza, sexo o nacionalidad seamos ciudadanos del mundo.
FUENTES DE INFORMACION:
ü Brailovsky, D. Sujeto político y sujeto de derecho. Algunos apuntes acerca de la literatura académica sobre niñez y ciudadanía. En Coordenadas en Investigación Educativa. Extraído el 16 del Junio de 2009 desde http://www.educared.org.ar/biblioteca/coordenadas
ü Castro, J. E. (1999, Junio). El retorno del ciudadano: los inestables territorios de la ciudadanía en América Latina. Perfiles latinoamericanos. Vol. 8, no. 4. p.p. 39-62. México.
ü Cortina, A. (1997). Ciudadanos del mundo. Hacia una teoría de la ciudadanía, Madrid: Alianza editorial.
ü Cussiánovich, A. Participación ciudadana desde el paradigma del protagonismo, II Congreso mundial de Infancia y Adolescencia “Ciudadania desde la niñez y adolescencia y exigibilidad de sus derechos” Lima Perú, 2005
ü Marshall T. H. Ciudadanía y Clase social. Extraído el 7 de Septiembre de 2009 desde http://www.inau.gub.uy/biblioteca/seminario09/Marshall.pdf
ü Uribe de Hincapié, M. T. (2001, Julio – Diciembre). Esfera pública, acción política y ciudadanía. Una mirada desde Hannah Arendt. En: Estudios Políticos. 19. p. p. 164-184. Medellín
[1] T.H. MARSHALL, Ciudadanía y clase social
Diana Cristina Peláez Bermúdez
Para hablar de ciudadanía, se hace necesario remitirse sin duda alguna a sus orígenes, umbrales o arranques que marcaron la historia de los hombres y de la sociedad. La historia que se remonta en occidente a los antiguos griegos, donde ser ciudadano equivalía a no ser esclavo, mujer, menor de treinta años o dependiente de un amo. La ciudadanía era concebida como aquella condición básica de la que gozaba el individuo, que luego de ser redimido del mundo de la dependencia doméstica (el oikos), podía participar plenamente en la esfera pública; condición que le permitía pertenecer a la comunidad política (la polis). El ciudadano, tanto si era rico como si era pobre, tenía la responsabilidad de acudir a la asamblea y tomar parte en los debates públicos acerca de los asuntos de la ciudad.
Para los griegos de la época clásica, ser ciudadano significaba sobre todo ocuparse de las cuestiones públicas y hacerlo mediante la deliberación, es decir, mediante una discusión abierta en la que se intercambian argumentos, razones y opiniones hasta alcanzar juntos un acuerdo acerca de lo que conviene hacer en cada caso. Este procedimiento se completaba con la votación como último recurso, después de haber deliberado juntos un tiempo suficiente. La participación se regía bajo principios de igualdad ante la ley (sonomía) e igualdad ante la palabra (isegoría), también bajo la Koinonía o comunidad de cooperación para alcanzar el bien público, el bien de todos, en lugar de centrarse en el bien particular.
Sin embargo esta participación no era para todos, pues se trataba de una ciudadanía excluyente, no inclusiva, donde únicamente eran ciudadanos los varones adultos que reunían ciertos requisitos establecidos por las leyes, quedando siempre excluidas las mujeres, los niños y jóvenes, los residentes extranjeros y los esclavos. Por tanto, la inmensa mayoría de la población carecía del estatuto de ciudadanía.
Para los antiguos romanos, la ciudadanía consistía sobre todo en el reconocimiento legal de algunas personas como miembros de pleno derecho de la República, y más tarde del Imperio. Esto significaba que el ciudadano era aquel que gozaba de la protección jurídica otorgada por las leyes y las instituciones. Entre los deberes del ciudadano romano se encontraban pagar impuestos y formar parte del ejército.
De otro lado, aunque las raíces de la ciudadanía sean griegas y romanas, el concepto actual de ciudadano procede sobre todo de los siglos XVII y XVIII, de las revoluciones francesa, inglesa y americana. Época en la cual, se redactó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), donde el ser humano, por el mero hecho de serlo, tiene una dignidad y unos derechos inviolables de tipo POLÍTICO que le indican tomar parte en las decisiones de la comunidad y de tipo CIVIL que refieren la igualdad ante la ley o libertad de expresión. En la declaración se definen los derechos "naturales e imprescriptibles" como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión. Asimismo, reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia
Posteriormente el concepto de ciudadanía, tendría más fuerza e influencia en la reflexión política y social del siglo XX; tras los planteamientos de T. H. Marshall en una conferencia dictada Cambridge (Inglaterra) en 1949 denominada “Ciudadanía y clase social”; en ella Marshall dividía la ciudadanía en tres elementos: civil (“los derechos necesarios para la libertad individual”), política (“el derecho de participar en el ejercicio del poder político”) y social (“el derecho a un mínimo bienestar económico y seguridad al derecho a participar del patrimonio social”), cada uno de los cuales tomó forma en un momento diferente de la historia: los derechos civiles en el siglo XVIII, los políticos en el XIX y los sociales en el XX. En este sentido Marshall proclama que sólo existe la ciudadanía plena cuando se tienen los tres tipos de derechos, y que los mismos están en función de la clase social a la que se pertenezca, igualmente la define como "aquel estatus que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad”[1], lo que no excluye la desigualdad de estatus ni la presencia de miembros sin plenos derechos en la sociedad.
Por su parte, Hannah Arendt (1958) pensadora judía de origen alemán que se exilió en Estados Unidos bajo la persecución nazi, ilustrada bajo pensamientos republicanos, indica lo público como la esfera del ciudadano, donde justamente estos últimos son individuos singulares que han dejado atrás, en la esfera privada, sus identidades, es decir, características propias que lo diferencian de lo demás, de los otros y que en unión haría una sociedad plural, es decir la distinción entre los individuos que al mismo tiempo comparten el mundo de lo público, donde son considerados como iguales en tanto desarrollan prácticas que buscan continuamente el bien común y cuentan con los mismos derechos y deberes ciudadanos.
Bajo esta perspectiva, retomamos los planteamientos de Cortina (1997) donde define la ciudadanía como una relación de doble vía entre el sujeto y la comunidad, relación que garantiza los derechos que la comunidad reconoce como legítimos. Una comunidad o sociedad plural, donde es importante escuchar las voces de todos y de esta manera constituir una ciudadanía activa. De acuerdo con esta autora, aunque los conceptos de ciudadano y ciudadanía tienen un origen político, jurídico y económico, éstos hacen referencia a lazos sociales y no políticos. Para la autora, el ciudadano es ante todo un miembro de la sociedad civil.
Una sociedad civil compuesta por instituciones sociales, que de una u otra manera contribuyen a formar los valores de una sociedad. Donde formar para la ciudadanía no es solo una labor de la familia y la escuela, sino un compromiso de todos. Una educación fundamentada en competencias que permitan la construcción de herramientas básicas para que cada persona pueda respetar, defender y promover los derechos fundamentales, aquellos inherentes al ser humano y que pertenecen a toda persona en razón a su dignidad humana.
Complementamos esta idea con el argumento de Cussiánovich (2005), donde especifica la ciudadanía como una manera de entender las relaciones sociales en igualdad, libertad y no sometimiento o dependencia, no en una jerarquía que discrimina y excluye, un concepto de ciudadanía pensado desde la experiencia y la reflexión de los niños, niñas y adolescentes. Desde aquel niño y niña que nace ciudadano en cuanto humano, en cuanto sujeto de derecho y que a lo largo de su vida reafirma en cuanto es miembro de una sociedad histórica y culturalmente determinada. Un ciudadano definido por su relación con el Estado y por organizarse con otros ciudadanos para emprender acciones colectivas en torno a objetivos y tareas de interés común. Mockus (2004)
A partir de estos planteamientos, es posible adentrarnos en lo que denominamos ciudadanía infantil, la cual se ha constituido en un tema polémico en nuestra época. Tras la declaración internacional de los derechos del niño en 1959, se busca trascender la representación de la infancia como minoría de edad, y dar lugar a la visión integral de los niños y las niñas en su plenitud de derechos. Sin embargo, la ciudadanía infantil se ve atravesada por un sinnúmero de discusiones enmarcadas sobre la capacidad y competencias de los niños y las niñas para ser ciudadanos, de los reparos que los términos legales habrían de asumir al enfocarse en la niñez, es un reto y un compromiso conceptual por la limitada literatura existente que hace difícil su reconocimiento, una lucha legal, jurídico, social y cultural que la harán parte importante y protagónica de la historia de los hombres.
Finalmente, concluimos con la frase de EMERSON, Ralph Waldo (1846) donde afirma que “la ciudadanía es el derecho básico del hombre, porque es nada menos que el derecho a tener derechos” y todos los tenemos. He ahí pues la tarea que emprendemos, de que todos y todas sin límite de edad, raza, sexo o nacionalidad seamos ciudadanos del mundo.
FUENTES DE INFORMACION:
ü Brailovsky, D. Sujeto político y sujeto de derecho. Algunos apuntes acerca de la literatura académica sobre niñez y ciudadanía. En Coordenadas en Investigación Educativa. Extraído el 16 del Junio de 2009 desde http://www.educared.org.ar/biblioteca/coordenadas
ü Castro, J. E. (1999, Junio). El retorno del ciudadano: los inestables territorios de la ciudadanía en América Latina. Perfiles latinoamericanos. Vol. 8, no. 4. p.p. 39-62. México.
ü Cortina, A. (1997). Ciudadanos del mundo. Hacia una teoría de la ciudadanía, Madrid: Alianza editorial.
ü Cussiánovich, A. Participación ciudadana desde el paradigma del protagonismo, II Congreso mundial de Infancia y Adolescencia “Ciudadania desde la niñez y adolescencia y exigibilidad de sus derechos” Lima Perú, 2005
ü Marshall T. H. Ciudadanía y Clase social. Extraído el 7 de Septiembre de 2009 desde http://www.inau.gub.uy/biblioteca/seminario09/Marshall.pdf
ü Uribe de Hincapié, M. T. (2001, Julio – Diciembre). Esfera pública, acción política y ciudadanía. Una mirada desde Hannah Arendt. En: Estudios Políticos. 19. p. p. 164-184. Medellín
[1] T.H. MARSHALL, Ciudadanía y clase social
La ciudadania infantil es un tema interesante y en ocasiones cotroversial, sin embargo es muy valioso rescatar sus virtudes, las cuales facilitan formar a los menores en el ejercicio de sus derechos y deberes. Es improtante no silenciar mas las voz de nuestros niños, sino darles la oportunidad de expresarse.
ResponderEliminarElizabeth muñetón Martínez
Pienso que el tema aporta valiosos recursos para trabajar y pensar en la manera como implementar en el aula temas de ciudadanía con los estudiantes.
ResponderEliminarEn Colombia y en el mundo vemos hoy como cada vez y con mayor fuerza los niño-as están siendo tenidos en cuenta, ha disminuido en cierta medida la invisibilización de la infancia, es por ello que debemos pensar en educar ciudadanos autónomos, que reconozcan sus deberes pero que a la vez hagan valer sus derechos, que sepan que pertenecen a un Estado que vela por su integridad y que como ciudadanos tienen un gran compromiso con el país; es importante pues, que se piense desde la primera infancia en educar en este asunto, para que la convivencia en las aulas, instituciones y en las casas sea más armoniosa y con valores morales auténticos. Es este tipo de temas los que permiten comprender que los niños-as también son sujetos de derechos y deberes.
Recomiendo tener mayor cuidado con el orden como se presenta la información.
Adriana Varela
ResponderEliminarEl tema de la ciudadanía Infantil se ha convertido en un tema de gran auge e interés, en razón al lugar que ocupa el niño hoy y a ese proceso histórico por el que a atravesado.
el niño y la niña de hoy es un agente participante, decisivo y en diversas medidas autónomo, lo cual toma gran relevancia en el proceso educativo en tanto, no se debe desconocer su posción como sujetos de derecho, cobijados por una ley y con lugar de participación en todos sus procesos de aprendizaje.
Angela Arias
ResponderEliminarMuy importantes las citas, los autores, aunque me pareció muy técnica la forma de presentar la información, destaco los contenidos de interés primordial para la concepción de infancia, la relación con lo humano, los cambios a nivel social frente al tema de infancia y adolescencia , como también las problemáticas principalmente en lo sexual y los retos para construir ciudadanía.
Es muy interesante el tema de citas bibliográficas para poder facilitar a los estudiantes a través de dinámicas y que cambien ideas de ser niños y niñas dependiendo aún de los padres, ya que a este edad de la pubertad tiene que saber tomar decisiones y diferenciar la pro y contra.
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